Ideas sobre la relación entre extractivismos y pandemias

 

Ideas sobre la relación entre extractivismos* y pandemias

El objetivo de esta columna es realizar un análisis crítico, en torno a las pandemias y nuestro actuar como sociedad sobre el territorio que habitamos. La relevancia de este análisis radica en la importancia que tienen, para el futuro, las decisiones que hoy debemos tomar como personas y como sociedad; y que estas decisiones pasan por el grado de conciencia que podemos desarrollar en relación con nuestro actuar y con los efectos del modelo neoliberal contemporáneo. Proponemos entonces, tomar conciencia sobre cómo esta realidad puede aportar al entendimiento holístico (como un todo) de este sistema, pensando desde ahí en soluciones profundas a la crisis mundial que hoy vivimos.
La versión oficial indica que la pandemia que hoy azota al mundo se comenzó a expresar en las personas durante diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, de la China central. Un tercio de los casos –el 66 %– tuvo exposición directa en el Mercado de Mariscos de Wuhan (https://theconversation.com/). Allí, se vendían pescados, mariscos, murciélagos, serpientes, aves y una amplia variedad de animales silvestres.

Por otra parte, se sabe que los murciélagos han sido estudiados exhaustivamente porque se les considera el hospedero natural de la familia de los coronavirus (https://theconversation.com/). Actualmente, los estudios centrados en la búsqueda del origen del coronavirus SARS (Síndrome Respiratorio Agudo Grave, por sus siglas en inglés), han demostrado que el virus-huesped más estrechamente relacionado era el de los murciélagos de herradura (del género Rhinolophus), el que naturalmente es habitado por estos virus desde tiempos desconocidos. Sin embargo otro huésped natural corresponde al pangolín, mamífero cuya carne es muy preciada en los mercados de países de Asia** . En la actualidad, diversos y múltiples estudios se encuentran en desarrollo para revelar con precisión las interacciones biológicas que llevaron a originar la pandemia que hoy conocemos. Pero ¿por qué las personas se contagiaron de un virus que existe en otros animales hace tanto tiempo?
Las interacciones entre especies dan cuenta de la complejidad estructural de los ecosistemas, la que ha sido descrita en numerosos estudios a nivel terrestre y acuático. Hoy, el Covid-19 es un ejemplo de las consecuencias de la ruptura de las interacciones entre especies que sostienen los sistemas naturales, donde especies son obligadas a “migrar” de sistema ecológico, ocupando nuevos nichos que les ofrece la colonización humana, acarreando consigo los agentes patógenos que antes estaban en la selva, lejos de las ciudades. Nuestro temor es que esta situación se convierta en algo general si no ponemos atención y tomamos conciencia de nuestro actuar.

Nuestro actuar ha generado cambios profundos a nivel planetario. Tales como el cambio climático -que es evidente en la sequía de Chile-, la extinción de especies, la contaminación de aire, agua y suelo; y un sinfín de otros efectos negativos, que son resultado de la psicosis más grande que ha sufrido la humanidad, el capitalismo.
Hoy en día, tanto en Chile como en otras latitudes del planeta, las actividades extractivistas han provocado la destrucción voraz y acelerada de la naturaleza con el sólo afán de consolidar y perpetuar un modelo económico que no hace más que acrecentar la injusticia y desigualdad social, mediante la instalación de megaproyectos (mineros, hidroeléctricos, forestales, etc), que generan un impacto sin precedentes sobre la naturaleza. Particularmente en Chile, la instalación de dichos proyectos es validada por un Sistema de Evaluación de Impacto Ambiental (SEIA), y legislación ambiental débil, tendiente a “mejorar” proyectos en vez de tener un enfoque precautorio cuando los impactos sobre el medio natural y social son evidentes. En este contexto, tenemos claro que la conservación del patrimonio natural y cultural no es más que una declaración de buenas intenciones para tener el “visto bueno” desde el extranjero; especialmente de aquellos países desarrollados, los cuales dan cátedras sobre como convivir amigablemente con el medioambiente, mientras continúan avalando la devastación de territorios mediante imposición de políticas públicas y otras estrategias de control económico sobre los países de nuestra América Latina.

En resumen, este modelo extractivista saquea los bienes comunes y acelera la pérdida de biodiversidad. Acumulativamente, esta pérdida de biodiversidad sumada a la alteración de las interacciones entre especies, pueden provocar efectos desconocidos sobre los ecosistemas. Por ejemplo, es posible que, si los murciélagos siguen siendo cazados, su potencial extinción desencadene que los virus se transporten a nuevos hospederos, y así, una cadena sin fin de desgracias. Por eso creemos que las alteraciones ecosistémicas son una bomba de tiempo, que pueden traer consecuencias desconocidas.

Los procesos de zoonosis*** son más habituales de lo que creemos, y pueden llegar a representar más del 60% del total de las enfermedades infecciosas de las personas. A pesar de esto, los mecanismos asociados a este proceso son aún desconocidos, tomando en cuenta que los microorganismos son el grupo más diverso y menos conocido desde las ciencias y, por tanto, predecir sus procesos micro evolutivos y la aparición de nuevos huéspedes, es muy difícil. Las alteraciones a los ecosistemas derivadas del modelo extractivista generan cambios ambientales que pueden seleccionar nuevas variedades de virus con mejores características para efectuar procesos de zoonosis, poniendo en peligro la salud de la especie humana. Por ejemplo, si en un microrganismo se generan nuevas mutaciones que les permiten adaptarse a condiciones ambientales novedosas, y los ecosistemas cambian abriéndose nuevos nichos u oportunidades de ocupar los hábitat, el microrganismo puede moverse y comenzar a habitar nuevas especies, pudiendo tener entonces nuevos hospederos. El microrganismo puede, potencialmente, contagiar a otros organismos, incluso a las personas, mediante la mencionada zoonosis.

Es así, como podemos agregar que la zoonosis también da cuenta de un desequilibrio en los ecosistemas, provocado por la relación jerárquica que hemos generado con los seres vivos con quienes compartimos este territorio.
Finalmente, no está de más destacar que estas prácticas extractivistas no benefician a la gran mayoría de las personas, por el contrario, acrecienta las desigualdades beneficiando a muy pocos; lo que nos lleva a retomar en conceptos como inequidad, desigualdad, pobreza; en definitiva, un mal vivir.

Desde este primer análisis, pretendemos poner en la discusión colectiva cómo los cambios ambientales producidos por las prácticas generadas por las actividades extractivistas, y la reproducción del comportamiento individualista en el cual nos tiene inmers@s el capitalismo; pueden provocar modificaciones ecológicas e incluso genéticas que hoy se traducen en emergencias sanitarias para la humanidad.

Entendiendo entonces que, a nivel general, cada uno de los organismos que interactúan en el medioambiente, conformando los ecosistemas, se encuentran interrelacionados para el desarrollo de su vida; dejamos las siguientes preguntas: ¿Puede afectar nuestro actuar, como humanidad, a que microorganismos como virus, bacterias, hongos, entre otros; cambien sus hospederos, favoreciendo el contagio a las personas?, es decir, ¿sería sensato pensar que somos responsables de emergencias sanitarias como la que estamos viviendo?

Invitamos a sumarse a la discusión y generar el debate social necesario para la superación de este sistema y la construcción de nuevos horizontes.

 

 

Misque Sol Hoare, Milen Duarte, Nicolás Inostroza y Luis Pouchucq
CODECIAM
23 DE ABRIL 2020

 

 

*El Centro Latino Americano de Ecología Social (CLAES) proporciona una definición precisa para extractivismo “como un caso particular de extracción de recursos naturales, que se caracteriza por extraer grandes volúmenes o de alta intensidad de recursos naturales, orientados principalmente a la exportación, como materias primas.” Asimismo, se plantea que los extractivismos son plurales, pues abarcan diferentes actividades (minería, agrícola, forestal, petrolera, etc).

**ZHANG, Tao; WU, Qunfu; ZHANG, Zhigang. Probable pangolin origin of SARS-CoV-2 associated with the COVID-19 outbreak. Current Biology, 2020.

***Son enfermedades infecciosas transmisibles desde animales vertebrados al ser humano. Los agentes infecciosos involucrados incluyen bacterias, virus, parásitos, hongos y rickettsias, entre otros (Dabanch 2003).

 

 

Publicado en Artículos de opinión.

4 Comentarios

  1. Gracias por poner sobre la mesa este debate, articulando la conexión entre extractivismos y pandemias con un enfoque ecosistémico.
    Alineada con esa perspectiva y considerando que al ecosistema lo sustenta la interacción entre sus integrantes y el medio donde se desarrolla.
    ¿Como invitamos a participar a aquellos que no se sienten parte del ecosistema social en Chile? Y que ni siquiera tienen consciencia del medio que los rodea, mucho menos de cuidarlo. ¿Es nuestra responsabilidad invitarlos a integrarse al ecosistema? ¿A través de que vías? ¿Con que fondos?
    Quedo interesada en seguir conversando, tengo algunas ideas 🙂

  2. Excelente análisis compañeros. Estos estudios y reflexiones analíticas, son hoy en día, un referente contingencial de suma urgencia y por qué no decirlo, prioritarios para implosionar conciencias aturdidas y enceguecidas, por el deplorable sistema actual.
    Felicitaciones y agradecida por el maravilloso aporte.

  3. Una gran columna con una idea muy central que al parecer no nos hemos hecho cargo: el capitalismo está destruyendo, lo sabemos, pero además nos está exponiendo como humanidad a cosas más grandes e incontrolables en su afán extractivista irresponsable.

    ¿Quienes son los responsables justamente de hacerse cargo? Acá deberían ir una lista de instituciones y profesiones afines, pero sabemos que muchas instituciones del gobiernos lucran con cada uno de los negociados que tienen que ver con la extracción y explotación de los recursos naturales, y por otro lado, respecto a las profesiones enseñadas en universidades con enfoques mercantiles, la conciencia de una ciencia e investigación del pueblo para el pueblo, se hace de manera marginal.

    Por lo mismo la columna me invita a pensar como hacemos de nuestros roles profesionales, científicos y sociales, un cordón de resistencia para exponer estos temas y denunciar con el afán de reforzar las luchas que ya se dan contra estos grandes conglomerados multinacionales en los espacios donde las comunidades alzan la voz de la pelea y de la conciencia contra un capitalismo voraz y asesino.

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